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kabalah Tzvi ben Abba Shaul
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21 de Noviembre, 2010 · General

KABALAH Invocando.

Invocando los tzadikim para Tikun AREGLO .Tzvi ben Abba Shaul kabalista y libre pensador.RED SEA KABALAH-KAB ELION.

"La mención de los nombres de los tzadikim tiene el poder de originar un cambio en la Creación y alterar la Naturaleza..."

(Sefer HaMidot, Tzadik, B, 20)

"Los Tzadikim justos y kabalistas son más grandes aún luego de su muerte que durante su vida..."

(Talmud, Julin 7b)

En la tradición de Breslov, el Tzadik, "el Justo", es el exponente más perfecto del Pacto. El Tzadik es, realmente, un individuo muy poco común—tal vez incluso ideal—alguien que solamente está motivado por su buen yetser(inclinación), quien ha erradicado deseos materiales de su corazón, quien no solamente ha sometido el mal sino lo ha desterrado enteramente, dejando solamente el bien dentro de sí (Likutei Moharan I, 8:5 y I, 49:1).

No obstante sabemos que el Tzadik se define como "uno cuyos méritos superan sus pecados" (Maimónides, siglo 12, Mishne Torá, Hiljot Teshuvá3:1) por ejemplo, el logro de este status depende no de la constitución hereditaria de uno, cualidades innatas, o superioridad intrínseca, sino de losactos. Tú eres lo que haces. De esta manera, Rabi Najman enseñó que "Cada hombre puede lograr el nivel más alto. No depende de otra cosa más que de tu propia libre elección" (ver La Sabiduría de Rabi Najman, "Sus Alabanzas" # 26). La espiritualidad del Tzadik es a la vez un nivel de santidad muy encumbrado, elevado—pero enraizado en la muy real letra de la Torá y en su espíritu.

"El alma de una creatura es su nombre", dice el Libro del Génesis (2:19). Los nombres encarnan la esencia muy específica y potente de un individuo; a través de su nombre, que contiene su forma y naturaleza, cada creatura emana vitalidad. Esto explica por qué, para los jasidim de Breslov, es una cosa tan importante y poderosa mencionar los nombres de los tzadikim—evocando su rectitud, buenas acciones, nobles cualidades, realizaciones especiales... la particular "Torá" de sus almas y espíritus. Mencionando el nombre del Tzadik, uno puede activar su santidad y aspirar al mérito y pureza de ellos en su propio viaje de retorno a Dios.

Finalmente, de acuerdo a los breslovianos, el ir a las tumbas de los tzadikima rezar ayuda incluso más que solamente invocar sus nombres, ya que la santidad de su lugar de sepultura es vista como un tikun para el Pacto (verLikutei Moharan, 11, 109). En esta tradición, al ir a la tumba de un Tzadik uno puede, a través de sentida oración y el anhelo de volver a Dios, verse envuelto en el alma del Tzadik y, de ese modo, en la Infinidad de Dios.

En efecto, visitar las tumbas de los tzadikim es una práctica antigua—los judíos lo han hecho en tiempos de desgracia personal y nacional, buscando misericordia, liberación, y perdón. A pesar de que esto pueda parecer malsano o deprimente a algunos, para muchos, el visitar sepulturas (de familiares, amigos o de individuos cabales) es una experiencia de afirmación, de conectarse a la cadena de la vida, de adquirir la fuerza de aquéllos que han fallecido. El evocar las mejores cualidades y altísimos logros de otros, puede ser ennoblecedor e inspirador. La memoria puede curar.

En Merón

Los cabalistas de Tzefat iban a menudo a la tumba de Rab Shimón bar Yojai y de su hijo Elazar en Merón y a la de los demás tzadikim enterrados en las cercanías: Hilel y Shamai, Rab Yojanán HaSandlar, entre otros. Se reunían junto a la tumba de Rab Shimón bar Yojai y estudiaban Zóhar. Ahí se quedaban diez días con sus noches, lejos de todos los asuntos del mundo y aislados del contacto con otras personas, 

Identificando tumbas

El Arizal reveló a sus discípulos que el alma de una persona difunta siempre ronda su tumba. Como era experto en los secretos de las almas, pudo identificar los lugares de las antiguas tumbas que se habían olvidado con el paso de los siglos.

En Tzefat se decía que cuando el Arizal iba por el cementerio de la ciudad, indicaba: “Tal persona está enterrada aquí” o “tal tzadik está enterrado allí”, aun cuando las lápidas con el nombre hubieran desaparecido hacía muchos años. Sus discípulos recordaban las observaciones del Arizal y preguntaban a los ancianos de Tzefat si sabían algo de aquello. ¡Y siempre encontraban corroboradas las palabras de su maestro!

Una vez les dijo: “Veo una gran luz en este lugar. Debe ser que el alma de alguien grande descansa aquí, pero no sé quién es. Sin embargo, la luz que emana de su tumba es muy, muy brillante. Debe ser de uno de los tanaim. Lo que resulta curioso es que la tumba en sí parece reciente, como excavada hace unos cuantos años”.

Los talmidim preguntaron a los ancianos de Tzefat de quién era el tzadikenterrado en el lugar. Pero nadie supo responderles. Por fin, uno de los más ancianos dijo: “Cuando yo era muy joven, había un hombre muy santo, considerado como uno de los piadosos sabios más grandes de la época. Murió hace unos treinta años. En su testamento, prohibió que lo elogiaran al morir e incluso que se diera parte de su muerte al pueblo de Tzefat. Sólo unas cuantas personas acudieron al funeral, pero sé con seguridad que fue enterrado en el lugar que tu maestro indicó. Era tan humilde, que sólo unas cuantas personas conocían la medida de su grandeza y, con el paso de los años, su memoria se ha borrado completamente”.

El Arizal hizo una lista de todas las tumbas de las grandes figuras judías de todos los tiempos cuya localización no era conocida por el público en general. También estipuló qué oraciones había que decir y qué había que estudiar en cada una de las tumbas para elevar el alma de la persona enterrada en el lugar.Pasó la lista a su shamash Rab Yaacob GebizoRab Shemuel Vital, hijo de Rab Jaim, la copió y la imprimió al final de “Shaar Haguilgulim” con la siguiente introducción:

Shemuel dijo: He considerado apropiado añadir la lista de todos los lugares donde están las tumbas, algunos de los cuales son bien conocidos mientras que otros están escondidos y otros son totalmente desconocidos. Ahora anotaré la localización de las tumbas de tzadikim tal como la recibí de mi maestro, que era capaz de adivinar donde estaban las almas de los tzadikim en cualquier momento y en cualquier parte, y, especialmente, cuando estaban junto a su tumba, porque es el lugar donde rondan las almas como es bien sabido. Pero también podía hacerlo desde lejos. Podía identificar el lugar de descanso de cada uno de los sabios y conversar o estudiar con él. He tratado muchas veces de verificar sus afirmaciones investigándolas cuidadosamente, y siempre me he encontrado con que estaba en lo cierto. Pero no es apropiado insistir en este punto porque tales cosas son exaltadas y sublimes y no se pueden contener en un simple libro”.

En la lista encontramos algunas tumbas cuya localización no coincide con la que se le había adjudicado tradicionalmente. Por ejemplo, el Arizal sostenía que lo que siempre se pensó era la tumba del profeta Hoshea ben Beerí, era en realidad la sepultura del taná Rab Yehoshúa. La lista incluye tumbas de Tzefat y sus alrededores y de Tiberíades, y especifica dónde están las tumbas de personajes bíblicos como Nahum Haelkoshi; Benayahu ben Yehoyadá; Andino Haezni; Shemuel Hanabí y su padre Elkaná, así como de ciertos tanaim yamoraim mencionados en el Talmud y en el Zóhar; también figuras rabínicas del periodo de los rishonim como Rab Maimón, padre del Rambam, y otros.

El Arizal también habló de los lugares santos de Jerusalén, aunque se negó siempre a entrar en la ciudad por razones que no hizo públicas. Sin embargo, supo describir la ciudad por dentro y referirse a un lugar determinado y decir, por ejemplo: “Ahí está enterrado Zejariá Hanabí” o “ahí está la tumba de Juldá Hanebiá”, etc.

“¡Baruj Habá!”

En la víspera de Rosh Jódesh Elul de 5331 (1561), el Arizal dijo a Rab Jaim: “Quiero que vayas a Kefar Abnit a rezar en las tumbas de Abayé y Rabá”. Le enseñó los yijudim adecuados para que se los aprendiera, con el fin de que su alma se uniera a la de ellos y le fuera permitido de esa forma entender secretos de la Torá que los amoraim estaban tratando en la yeshibá Celestial.

Rab Jaim fue a Kefar Abnit. El sol apretaba e hizo un alto para descansar sobre un montón de piedras. Cuando estaba sentado, repasó todo lo que su maestro le había enseñado para que fluyera con facilidad cuando llegara el momento de postrarse en la tumba.

Cuando llegó, cumplió las instrucciones de su maestro. Rezó, se postró y se concentró en todas las palabras místicas que el Arizal le había preparado. De pronto sintió que su corazón se abría y que le eran revelados profundos secretos que nunca hubiera podido comprender por sus propios medios.

Rab Jaim volvió a Tzefat en un exaltado estado de ánimo y fue inmediatamente a contar a su maestro, que había logrado aprender nuevas cosas desde la última vez que lo viera. Llamó a la puerta del Arizal y lo encontró rodeado del grupo de personas que siempre asistían a sus lecciones. El Arizal miró a Rab Jaim que estaba en el umbral y se levantó en su honor exclamando en voz alta “¡Baruj habá!, ¡Bienvenido!” Hizo a Rab Jaim un lugar a su lado y Rab Jaim se dio cuenta de que la actitud de su maestro anunciaba algo, ya que nunca antes le había mostrado tanta deferencia.

Cuando los demás se fueron, Rab Jaim no pudo contenerse y preguntó: “¿Qué he hecho para merecer que me muestre tal respeto y me de la bienvenida de esa forma?”

“Mi querido discípulo”, replicó Rab Itzjak, “la deferencia que mostré por ti, era en honor de Benayahu ben Yehoyadá que te acompañaba cuando entraste”.

El talmid se sorprendió y preguntó: “Pero yo sólo estuve en las tumbas de Abayé y Rabá. Son sus espíritus los que habrían tenido que escoltarme. ¿Cómo se unió el alma de Benayahu ben Yehoyadá a la mía?”

El Arizal explicó: “Las almas de esos dos amoraim eran chispas del alma de Benayahu ben Yehoyadá, y el orden de estudio y oración que te dije que pronunciaras en su tumba, también es adecuado para su alma. ¿Te paraste en algún lugar a repasar lo que yo te enseñé cuando estabas de camino a Kefar Abnit?”

Rab Jaim asintió con la cabeza. “Entonces”, dijo el Arizal, “el lugar donde paraste debe ser la ubicación precisa de la tumba de Benayahu ben Yehoyadá. Así es como tu alma se unió a la suya”.

Tiempo después, el Arizal y sus discípulos visitaron varias tumbas. En el camino entre Kefar Biriyá y Kefar Abnit, Rab Jaim vio el montón de piedras donde se había parado a descansar en su viaje anterior. Cuando el grupo pasaba por ese lugar, el Arizal se detuvo y dijo a sus talmidim: “Vean, ésta es la tumba de Benayahu ben Yehoyadá. Recemos aquí para merecer que nos revele profundas enseñanzas”.

Sólo entonces entendió totalmente Rab Jaim lo que su maestro le había dicho en aquella víspera de Rosh Jódesh Elul.

Cuidado, no hables

El Arizal hizo llamar en una ocasión a Rab Itzjak Hacohén y le enseñó varias oraciones y palabras para que las recitara en la tumba de Rab Yehudá bar Ilai que está situada en En Zetim, al sur de Tzefat.

“Cuando estés allí, si haces lo que te he dicho, tu alma se unirá a la suya y él te revelará el significado de ciertos pasajes difíciles del Zóhar, prometió el Arizal. “Pero sólo lo hará si no hablas con nadie cuando estés en el camino. No respondas ni siquiera a los saludos”.

El discípulo se purificó y se puso en camino. Pero el espíritu del taná no fue a él y el difícil pasaje del Zóhar quedó tan oscuro y sellado ante él como antes.

Volvió a Tzefat desilusionado y deprimido, consumido por tristes pensamientos. “Debe ser que he pecado. Me han debido encontrar imperfecto e indigno de oír los secretos de la Torá. Quizás soy tan malvado que me espera un castigo terrible en el otro mundo”. Rab Itzjak Hacohén volvió con su maestro en un estado de ánimo lleno de pesimismo. “Hice cuanto me dijiste”, confesó avergonzado, “pero el pasaje sigue resultándome oscuro. Debe ser que he pecado y todas mis oraciones y yijudim han sido en vano”.

“Ya sé que tu misión no ha tenido éxito”, lo animó el Arizal. “No se debe a tus defectos o pecados, porque eres un tzadik puro. Es por eso que te designé a ti en particular de entre todos tus colegas. Pero la culpa es tuya por haber desobedecido mis instrucciones. Te advertí que no dijeras nada a nadie en el camino, pero saludaste a tu esposa y a un conocido. Y tu falta es aún mayor porque fuiste tú el que habló primero, no ella”.

De pronto, Rab Itzjak Hacohén recordó aquel breve episodio y se sintió lleno de remordimiento. ¡Cómo no había tenido más cuidado! Había perdido tontamente una oportunidad de oro de merecer una revelación celestial de Rab Yehudá. Se sintió lleno de pesadumbre, pero encontró algo de consuelo en el hecho de que todavía era considerado un tzadik y de que no habían sido sus pecados los que habían hecho que no mereciera la revelación.

El extraordinario shamash del Arizal

El Arizal tenía un shamash que se ocupaba de diversos asuntos de orden práctico. Su nombre era Rab Yaacob Gebizo.

Rab Yaacob procedía de una familia ilustre, muchos de cuyos miembros se hicieron famosos en Tzefat. El propio Rab Yaacob era puro y santo, inteligente y devoto. Era mohel en todos los pueblos de los alrededores de Tzefat y tenía por costumbre exhortar a las mujeres a que se condujeran con recato. También enseñaba a los campesinos y los guiaba en cuestiones de halajá. Se ganaba difícilmente la vida como aguatero y apenas podía comprar pan para alimentar a su familia.

Podemos hacernos una idea de su grandeza por el siguiente testimonio:

El piadoso Rab Yaacob Gebizo hacía muchos milagros. Al igual que Yaacob Abinu, era perfecto, completo, justo, temeroso de Dios y se abstenía de pecar. No escatimaba esfuerzos yendo de un sitio a otro para hacer buenas acciones y visitar a los enfermos. Iba a pueblos lejanos solo, a últimas horas de la noche, para poder hacer un berit a la mañana siguiente. Los campesinos árabes le pedían que los bendijera porque sabían que era un santo. Y si se cruzaban ladrones con él cuando iba campo traviesa por la noche, le besaban las manos y le decían: “¡Yaacob Abinu, bendícenos!” Y él les decía: “Que el Cielo los bendiga a condición de que no hagan daño a ningún judío, nunca, ni en su persona ni en sus propiedades. Si encuentran a un judío en apuros, ayúdenlo o, si se ha perdido, acompáñenlo a su punto de destino”. Y ellos cumplían su promesa. Cuando atravesaban por momentos difíciles, hacían votos al Dios de Yaacob y se los daban a Rab Yaacob para que los repartiera. También le daban parte de su botín. Cuando se encontraban con mercaderes judíos les decían: “Se libran por el mérito de nuestro padre Yaacob”.

Después de su muerte, todos los viernes encendían una vela en su tumba y lo siguen haciendo hasta hoy en día. Que su alma se una al vínculo de la vida”.

El gobernador de Galilea ordenó una vez a sus soldados que le llevaran a Rab Yaacob. Estaba decidido a ejecutarlo, seguramente por sus contactos con los ladrones. Rab Yaacob se escapó de sus perseguidores utilizando la cabalá práctica. Voló y se quedó suspendido en el aire durante tres días y tres noches hasta que el gobernador abolió la orden de arresto y pasó el peligro.

El Arizal dio a este hombre extraordinario la lista de las tumbas de los grandestzadikim cuya localización se había olvidado con el paso del tiempo. El Arizal, con su intuición Divina, las descubrió y confió la lista a Rab Yaacob porque lo tenía en gran estima. Le ordenó que dejara en herencia la lista a sus hijos y éstos a su vez a sus propios hijos como tarea sagrada, de generación en generación. El autor de Yedé Moshé cuenta que en sus días, unos doscientos años después de la muerte del Arizal, las listas estaban aún en manos de los descendientes de Rab Yaacob Gebizo. El que quería rezar en las tumbas de los grandes hombres del pasado, acudía a ellos y los tomaban como guías.

Tzvi ben Abba Shaul kabalista y libre pensador

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publicado por kabalah a las 15:27 · Sin comentarios  ·  Recomendar
 
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